Si crees que puedes o si crees que no, tienes razón

Eso decía nuestro coach de Educación Física cuando estábamos en la primaria y tratábamos de encestar al jugar basketball. Y desde entonces, la lección me quedó grabada. Como persona blanca de clase media en un país mestizo, me queda claro que he tenido muchos privilegios. Pero como mujer he tenido que luchar contra mucha discriminación también.

Mi percepción de privilegios se afinó al venir a vivir en Canadá. Pero esa es una historia para otro día.

Hace cinco años y medio me estaba preparando para una entrevista de trabajo. Estaba desesperada, enferma (literalmente) y cansada: 2 años, más de 250 solicitudes de empleo, más de 30 entrevistas en persona y ninguna oferta. Fui el candidato de acción afirmativa que los reclutadores aportan para cubrir su necesidad de mujeres y minorías. Además de eso, era invierno en Montreal y después de 7 años, la nieve había perdido su encanto.

Es cierto que tengo un fuerte acento ya que el francés es mi cuarto idioma, pero la mayoría de los trabajos a los que me postulaba eran en inglés, en compañías internacionales. Mi experiencia laboral era intachable, pero los reclutadores siempre se decidían por alguien más. Mi francés no era bueno, pero tampoco era una sorpresa, puesto que siempre había pasado el primer filtro que era una entrevista telefónica.

En noviembre de 2014, al ver que nuestra cuenta bancaria se había agotado después de 2 años de desempleo, había dejado de buscar trabajo en Montreal y comenzado mi búsqueda de trabajo en Edmonton, Calgary, Vancouver y Toronto. Me emocioné cuando logré obtener 2 entrevistas en persona para la misma semana en Toronto.

Me quedé en un Airbnb sucio en el centro de Toronto que apenas podía pagar e hice mi última apuesta: me salté la cena y usé dinero que no teníamos para asistir a un taller de un par de horas (con un costo de $50 CAD) que me ayudaría a planear mi año y cambiar mis creencias. Prometían una experiencia inolvidable.

No me sentía bien de salud, ni física ni emocionalmente, pero el facilitador, en su mejor estilo Tony Robbins, era ameno y motivante. Me pregunté por un momento si se suponía que todos los coaches eran así, tal vez por eso no tenía yo el mismo éxito. Él, por supuesto, se había entrenado con Robbins.

Conversé con a un par de personas mientras comía unas frituras para apagar el hambre mientras comenzaba la sesión. La sesión fue buena, con algo de información que conocía, pero que nunca había organizado de esa forma (visualización, enumerar objetivos, priorizar) pero la parte más emocionante fue que para ayudarnos a romper nuestras barreras mentales, nos dieron un tablero de madera, de 3/4 de pulgadas de grueso y nos explicaron cómo romperlo. Los co-facilitadores sostenían el tablero mientras te recordaban cómo hacerlo, y algunos más, así como quienes ya habían roto el tablero paseaban animándonos. Logré romper el tablero en el segundo intento.

Aunque estaba enferma, exhausta y deprimida, quería demostrarme a mí misma que podía hacerlo. Lograrlo me sacó una sonrisa que hacía tiempo no lucía. Obviamente me hizo sentir fuerte y determinada.

Al día siguiente fui a mi primera entrevista de trabajo en la Universidad de York. Seguía con un resfriado terrible pero me arreglé y traté de concentrarme lo mejor que pude. Tuve una excelente entrevista, con una conversación informal y muchos momentos de risa con el panel de entrevistadoras. Realmente disfrutamos el proceso. Al final, me preguntaron cómo me sentía. Dije que volvía a casa emocionada, y más que nada, contenta de haber hecho mi mejor esfuerzo. Les compartí que lo que me dio esperanza fue el tablero que había roto la noche anterior. Les mostré las fotos y el pizarrón (dado que iba directo a mi otra entrevista y regresaba ese día a Montreal) y les conté brevemente la historia.

Tuve mi segunda entrevista en el centro de la ciudad y también tuve una gran conversación con una mujer de Sudáfrica, que entrevistaba a personas en todo el mundo para una firma de ingeniería. Mi experiencia la noche anterior me había dejado relajada, confiada y empoderada. En el tren camino a Montreal solicité otro trabajo más en Toronto, en Service Ontario.

Un par de semanas después, el mismo grupo de consultores me llamó para una segunda entrevista, y la dependencia de Service Ontario. Estaba realmente feliz de ver que esos tres procesos avanzaban, ya que no imaginaba que me llamarían tan pronto.

A fines de enero de 2015, recibí 4 ofertas de trabajo para elegir (la universidad, una organización federal en BC, Service Ontario y la firma internacional de ingeniería). Tomé uno de la Universidad de York. Una quinta llegó un mes después de que comencé mi trabajo en York.

Solicitar empleos fuera de Quebec sin duda fue una buena idea, pero estoy segura de que lo que marcó la diferencia fue la claridad y la energía que obtuve en este proceso, combinadas con un aumento en la autoconfianza que ciertamente necesitaba después de la agotadora experiencia devastadora de 2 años en Montreal.

La cita de Henry Ford me vino a la mente: Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, tienes razón.

Estoy tan convencida de que la visualización y la planeación funcionan. Tanto, que cada año sigo los mismos pasos que aprendí hace 5 años, a excepción de la ruptura del tablero, puesto que he logrado reconectar con mi poder personal. Ahora, incorporé los aprendizajes en mis talleres de desarrollo profesional y personal para ayudar a otras personas a tener experiencias y cambios similares. Hace un par de años, impartí estas sesiones en un taller para el personal de YU. Meses después, tres de los participantes me enviaron un mensaje para informarme cómo el taller ha cambiado sus vidas, puesto que habían tenido un ascenso.

Como lo he compartido en múltiples ocasiones, creo en el poder de la inspiración, la visión, el establecimiento de objetivos y el trabajo constante. De eso se trata Kaironáutica de Acción. De aprovechar el momento para hacer de este tiempo, nuestro mejor momento. Si crees que no has alcanzado tu potencial, regístrate en mi comunidad de Kaironautas y permíteme ofrecerte las herramientas y servicios que tengo disponibles.

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